martes, 31 de julio de 2012

Revista Tónica, entrevista que me hizo Ana Vicini


La guerra, el humor y la locura  
Por Ana Vicini // anavicini@hotmail.com

Entrevista a Juan Guinot

Juan Guinot nació en 1969 en Mercedes, provincia de Buenos Aires. Es licenciado en Administración, Psicología Social y Máster en Administración de Empresas. Muchos de sus relatos han sido publicados en antologías y revistas de Argentina, Brasil, Cuba y España. Formó, junto a otros compañeros y escritores, el colectivo de arte La Compañía, con el que publicaron en 2010 el libro Timbre 2 – Velada Gallarda.
¿Cómo surgió la propuesta de editar 2022 – La guerra del gallo, tu primera novela, en España?
Desde el 2007 escribo micro relatos en la revista cubano-española miNatura , dirigida por Ricardo Acevedo y Carmen Signes. Durante una presentación de libros de la editorial Talentura, en Castellón, los editores de la revista conversaron sobre mis escritos con Mariano Vega, editor de Talentura quien, ya en Madrid, leyó tres manuscritos de mi autoría y eligió 2022 – La Guerra del Gallo. Le gustó la temática de Malvinas y la aventura que narro cuando el personaje, en el año 2022, arma su epopeya para ir a Gibraltar.
¿Cuál fue la recepción de los lectores españoles teniendo en cuenta que la novela tiene como hecho desencadenante la guerra de Malvinas y la visión local de un adolescente argentino?
Por  lo que me han escrito lectores y he leído en reseñas gusta la historia de Masi, este ex “no combatiente”. Más allá de que sea argentino, Masi es un loco bueno, querible, que te enternece hasta las lágrimas y, también, te hace cagar de risa. El editor me dijo que no quería adaptar mi lenguaje al local, que asumía el riesgo. Eso sí, antes de salir, el escritor Carlos Salem, radicado en España, un maestro de las letras y la generosidad, le dio una lectura. El lector español ve que en la segunda parte se describe una situación económica y social de Europa no muy distinta de la que les toca padecer, donde los que mandan están más locos que Masi y la gente termina siendo un número para sus ecuaciones de mercado.
¿Cuál fue el disparador de la novela?
Un hecho autobiográfico: con trece años me anoté para pelear en la guerra de Malvinas. Cumplí trece el 5 de abril y me fui a la Municipalidad de Mercedes, y me anotaron. Por suerte  nunca me llamaron. En la novela cuento la historia de un chico que se anota para pelear, no lo llaman y, a diferencia de mi caso, se queda con las ganas de entrar en batalla. Como digo en el libro, Masi es un ex “no-combatiente”.
La novela cuenta en tono irónico y con toques de ciencia ficción uno de los hechos más tristes y absurdos de la historia argentina. ¿Cómo tomaste la decisión de plantear la historia desde ese lado? ¿Te fue difícil narrar desde el humor y la ironía dada la cercanía temporal de la guerra?
Es la manera que encontré para sacar algo que me duele mucho.  La guerra de Malvinas es una herida abierta, que se abre más por silenciarla. El tono de humor dramático me permite descomprimir y para escribir me ayudó mucho. Lo que me jode me sirve de motor para escribir, intento buscarle la vuelta, intervenir en lo que me complica. Ahora bien, hacerlo no me asegura curar ni una herida, pero por lo menos evita que se agrande.
El tema de la locura se hace presente en casi toda la novela, no sólo a través de Masi, el protagonista. ¿Por qué decidiste tomar el tema como punto de referencia o camino para narrar la historia?
Con la experiencia personal de anotarme a los trece años para pelear en una guerra, ni bien terminada la contienda, hice el primer avistaje de mi locura. Desde chico siempre imaginé mucho. Los juegos fueron mi gran ámbito de creación y éxtasis, pero en el terreno lúdico no le hacía mal a nadie: mataba soldaditos y los revivía cuando quería. Pero lo de la guerra no fue joda, la gente moría de verdad. Me puso de cara a una realidad donde, a partir de mi registro, presté bastante atención a la locura individual interconectada a la vincular. La guerra, matar a otro, resolver una discrepancia por medio de las armas, me parecen el final del hombre. Llegar a esto es la cota máxima de locura. Lo peor de eso es que corporaciones y gobiernos viven dictaminando políticas de muerte, asistimos o somos carne de cañón de guerras explícitas y ocultas, y no reaccionamos. De ahí es que hablo de la locura vincular, juegos de pares dialécticos para sostener un estado colectivo, para mi gusto, enfermo.
Presentaste la novela en España a fines del año pasado y, recientemente, acá en Buenos Aires y en Mar del Plata en el marco del Festival Azabache. ¿Qué balance hacés de estas experiencias?
Lo de España fue maravilloso. Fueron dos presentaciones en Madrid y una en Castellón. En Madrid estuve con los escritores Carlos Salem y Marcelo Luján, y en todas con mi editor, Mariano Vega. A Castellón quise ir porque allí, en la librería Argot,  fue donde empezó el camino editorial de la novela. La novedad es que ahora en julio vuelvo, ya que me invitaron junto con la novela a participar en la Semana Negra de Gijón. Lo de Azabache fue para sumarme al género negro desde la ciencia ficción. Presenté mi novela y también participé  junto a otros escritores de una charla sobre Philip Dick. El Festival es impresionante, lo recomiendo y espero regresar el año que viene. Lo que hacen los organizadores es de otro planeta. En Buenos Aires la presentamos a fines de abril en FM La Tribu, en el bar y en directo por el programa Acá no es de Marcos Almada, Hernán Brignardello y Daniela Pereyra. La presentación fue el programa de radio dedicado a mi novela y fue todo a los cuetes, con ritmo de radio. El formato me encantó, y ahí mismo dimos una primicia: La Guerra del Gallo va a teatro. Ya escribí la versión teatral, un monólogo, y será dirigida por Mauro Yakimiuk y protagonizada por Martín Amuy. // RT2

lunes, 30 de julio de 2012

Estreno de La Guerra del Gallo - Teatro Entretelones, Buenos Aires

Llegó el día P, día del Peñón y Masi (muy bien interpretado por Marín Amuy Walsh) se mandó la epopeya, conquistar Gibraltar. Temblaron las tablas y solo la precisa dirección de Mauro Yakimiuk pudo sostener el sutil equilibrio de la locura del ex-no combatiente. El clima varió en matices y las marcaciones musicales compuestas por Lucas Guinot preparaban cada uno de los momentos de la obra. Estuvimos allí, de frente a Masi y su mundo, con Peñón y todo.
La Guerra del Gallo estará en teatro Entretelones todo Agosto y Septiembre. Las reservas agrandan el recorrido temporal de mi primera experiencia en dramaturgia. Espero que vayas y la disfrutes.
Para reservas: laguerradelgallo@gmail.com

Un dato: en agosto arranca la gira por el interior, para más detalle, en mis pagos mercedinos. Ya te contaré...

viernes, 27 de julio de 2012

Reseña del escritor Jesús Lens, Granada (España)

2022 La guerra del gallo


Cuando escucho o leo el término “ciencia ficción”, el inconsciente me transporta automáticamente muy adelante, a un universo futuro repleto de naves interestelares que viajan de Marte a la Luna igual que nosotros vamos de Granada a Madrid, cómodamente instalados en un bus de ALSA.
Pero hay otra ciencia ficción más cercana, más accesible y más posible. Una ciencia ficción que, mirando hacia delante, no se aleja excesivamente de nuestro mundo, de nuestro aquí y ahora. Una ciencia ficción especulativa que, sentando su base en nuestro mundo y nuestra sociedad, juega con las posibilidades del futuro más cercano, más inmediato. De lo que nos espera, o sea.

La novela “2022 La guerra del gallo”, publicada por la joven editorial Talentura, en su colección Cortoletrajes, se corresponde con dicho modelo, al narrar la historia de Masi, un niño argentino al que la historia le hurtó la posibilidad de luchar en la guerra de las Malvinas, pero al que la literatura, y la feraz imaginación de Juan Guinot, el autor de la novela; le ofrece la posibilidad de una hipotética revancha, en el año 2022, justo cuando se cumplen 40 años de aquella triste efeméride.

Para el 2022, Masi se habrá convertido en una especie de Rambo tercermundista y sobrealimentado con dulce de leche, tal y como lo describió Juan Guinot durante la presentación del libro en Semana Negra de Gijón, donde era una de las finalistas del Premio Celsius 232, junto a “Antirresurrección”, “Diástole” (de las que ya hemos hablado) y “El escondite de Grisha).

Masi, un ex – no combatiente que arde por entrar en acción dado que su educación sentimental ha venido dada por los partes militaristas, triunfalistas y ultranacionalistas del gobierno argentino.

Masi, un chavalito inocente que, además, tiene una familia a la que podríamos definir como peculiar. Por decirlo suavemente. Un Masi alucinado que, en 2022, decide que es hora de continuar la Guerra de las Malvinas, pero por otras vías. Por ejemplo… ¡conquistando el Peñón de Gibraltar! Pasando por Argelia y el desierto del Sahara, eso sí.

Ni que decir tiene que la ágil narración de Guinot, que me leí de dos sentadas, a orillas del mar Mediterráneo, está trufada de un humor muy especial, muy argentino, incisivo y malicioso.

Pero, además, la novela tiene una segunda dimensión igual o más importante que la primera: el contexto del mundo de ese año 2022. Un mundo en el que los grandes defectos del actual, como los concursos televisivos, el poder de las multinacionales y la voracidad omnipotente del marketing; se han visto agudizados hasta extremos sorprendentes, de forma que comer muslos de pollo mutante se ha convertido en una de las tradiciones nacionales y las consecuencias genéticas y estéticas que su prolongada ingesta conllevan terminarán marcando tendencia.

“2022 La guerra del gallo” es una de esas novelas que, desde el futuro, nos habla del presente. De hoy. Del aquí y el ahora. Y del ayer. Porque, si algo nos ha demostrado la ciencia es que el tiempo es relativo. Y la excelente novela de Guinot es una inmejorable prueba de ello.
Jesús Lens


Pugliese y los héroes de La Yumba, apertura que escribí para Radio América/Nobleza Obliga


Los héroes de La Yumba, por Juan Guinot
Siete de la mañana, calle Luis María Drago y Avenida Corrientes, barrio de Villa Crespo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En esa esquina hay una plazoleta donde ya no están los muñecos de la orquesta de tango.
El sol cuela entre los edificios de Villa Crespo y los feligreses del bar no pueden sacar sus ojos, y sus lágrimas, de las vidrieras. Al otro lado del cristal, está la plazoleta diezmada, la triste representación de la doble muerte del maestro tanguero.
Es que al maestro, un flaco de anteojos y de andar lento, desde su muerte, se lo extraña horrores. Por eso, cuando se instaló en aquella plazoleta la orquesta de muñecos con el maestro en el piano, la ausencia se sintió un poco menos.
Pero esto, de no verlo nuevamente, los tiene mal. Es de lo único que se habla en la carnicería, el bar, la librería, la pescadería, los negocios de ropa y en la sede central del PC.
A pocos días del hecho, alguien se apiada y manda a producir nuevos muñecos e instrumentos. También se refuerza el vallado perimetral de la obra, se aumenta la intensidad de la luz y los del banco ofrecen instalar una cámara que grabe día y noche. Todo se hace sin inauguración y gran parte de los vecinos recobra la calma.
Pero un viejo amigo del maestro sabe que la cosa puede empeorar si no toma cartas en el asunto. Y cuando piensa en eso, no está pergeñando un plan para cazar a los vándalos que rompieron los muñecos. No, el amigo del maestro, casi pisando los noventa, sabe que cortar las manos del verdugo no parará las ejecuciones. Sabe que la lucha que se viene es la misma de siempre: borrar de la memoria popular al gran maestro tanguero.
El amigo del maestro reconoce en la agresión de los muñecos de la plazoleta, la mano del enemigo eterno, ese presenta luchas acá y en el otro mundo al mismo tiempo. La batalla del otro mundo se la deja al maestro tanguero, pero la de acá, esa, es para ellos, para la liga de superhéroes de Villa Crespo.
A las nueve de la noche del martes, el anciano se constituye en la esquina de Camargo y Malabia. Al minuto aparecen los súper héroes: la travesti que se pasea por Corrientes y Gurruchaga vestida de micro-mini y saquito de secretaria, el sesentón del negocio del todo suelto de enfrente de la plazoleta, la china del lavarropas de Drago y Gallardo, el hijo del vendedor de pantuflas y alpargatas de Scalabrini y Corrientes, la florista de Velazco y Julián Álvarez, el canillita de Corrientes y Juan B. Justo, el vendedor de medias de la puerta del banco y el taxista que hace parada Warnes y Bravard.  Están todos los convocados y ahí el amigo del maestro dice “Bienvenidos a La Yumba” y se da comienzo al encuentro de la  Liga de la Justicia de Villa Crespo.
Están en ronda. La reunión comienza bajo el amparo de una noche sin luna, más los focos rotos de tres faroles del alumbrado público y la extrema atención a los televisores de parte de los vecinos, ya metidos en sus departamentos.
La Yumba, liderada por el anciano, el amigo del maestro, pide a cada uno de los miembros que, desde esta noche, exijan al máximo sus poderes para proteger la estatua de la plazoleta con los muñecos del maestro tanguero y su orquesta. En cuestión de minutos, se reparten los turnos para efectuar las guardias. Nadie cuenta cómo lo hará, pero cada uno estará allí, invisible a los ojos del vecino y perfectamente visibles a los ojos del enemigo. “La Yumba”, dice el anciano, “protegerá la memoria, con la fuerza de los acordes del tango de nuestro gran vecino y amigo”. El viejo lleva ambas manos al centro y los superhéroes de Villa Crespo estiran los brazos y hacen una apilada de manos y, con sus bocas, empiezan a interpretar el tango La Yumba en un tono que les sale susurrado.
Las ramas de los árboles de Malabia y Camargo se mueven como si las agitará un viento que no sopla.
Las ratas bajan de los árboles, abortan sus planes de abordar balcones. Cuando los bichos llegan a la vereda, ya están con los pelos en punta, los bigotes duros como agujas y las colas torcidas de los nervios. En tropel, las ratas salen a calle traviesa, en sentido a Chacarita, con su alcahuetería metida en lo hociquitos sucios. Antes de la medianoche, los enemigos se enterarán que La Yumba ha vuelto para defender, con su vida, la memoria de Osvaldo Pugliese.
Osvaldo Pugliese murió el 25 de Julio de 1995 .

jueves, 26 de julio de 2012

Semana Negra de Gijón XXV


Todo empezó con un llamado: “La Guerra del Gallo es finalista del premio Celsius de la Semana Negra de Gijón”. Saltaba en una pata, cuando entró un email de Cristina Macía, me invitaba a viajar a Gijón y participar de La Semana Negra XXV. Al mejor estilo Misión Imposible, la indicación rezaba “viernes 6 de Julio, 7AM, estación de trenes Charmartín”.
Allí conocí al Jefe, Paco Ignacio Taibo II y todo el equipo que da vida a la Semana Negra de Gijón, uno de los eventos literarios más importantes del Planeta.
Lo que sigue es una muestra de fotos de esta experiencia que viví junto a escritores, periodistas, lectores y que no olvidaré en mi vida.

Personajes de estas dos fotos: Pedro de Paz, Riber, Sergio, Javier Márquez, Laura Muñoz, José Ángel, Martin Roberts, JoJo Lucena, Paco Gómez Escribano, Juan Ramon Biedma.







martes, 24 de julio de 2012

Guerras del futuro - revista miNatura 120



Tele comando.
Juan Guinot
La sociedad telecéntrica se empalaga con la sangre en la pantalla: el cuerpo de una niña languidece, consola en mano. La audiencia mira atónita, deja de masticar por dos segundos.
En casa de Severo (típica casa de clase tele media, o sea, con un televisor por dormitorio) la hija nominada ha cerrado los ojos, para siempre.
Mafalda, la esposa de Severo, está nerviosa, la pantalla, de golpe, está atravesada por rayas.  Mientras apura el resto de la merienda, consulta (por el mando) a su esposo qué tal va la tele de él. “Rayada”, le responde por texto.
Mafalda se rasca la cabeza, sabe que le toca a ella, pero se hace la distraída, le escribe a Severo si él notificará lo sucedido con la hija nominada. Severo responde (con una velocidad que hace sospechar a la esposa si el texto ya lo tenía escrito) y le recuerda que cuando fue lo del hijo nominado, él hizo la notificación, que ahora le toca a ella.
Mafalda redacta la Nota de Baja al Tele comando y en cuestión de segundos llega la respuesta con los agradecimientos del caso y la promesa de entregar un nuevo hijo nominado en Primavera.
Severo también está copiado en la respuesta, su cara pinta una sonrisa: volvió la imagen de la guerra a la pantalla de su dormitorio. Mafalda aprovecha el regreso de señal a su tele, para ordenar pollo al champignon de cena. Severo, desde el mediodía, tenía escrito (y listo para enviar ni bien terminara la merienda) el pedido de pastel de carne, también hace su orden.
La cena está servida en sus fuentes y cada uno está en su cuarto, de frente a las pantallas, como lo hace cualquier mortal de la clase tele media.
En el dormitorio destinado al hijo por casa, acaban de entrar los del Tele Comando para recoger a la niña muerta. La meten adentro de un cofre junto a la consola. Tapan la caja de metal y se activa una potente combustión que los hará polvo. Mientras el hornillo trabaja, tienen cinco minutos:  acondicionan el cuarto e instalan una nueva consola para que, en Primavera, el nuevo hijo nominado tenga todo dispuesto para sus juegos de guerra.

 Para leer la revista: http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2012/07/14/revista-digital-minatura-120

sábado, 21 de julio de 2012

John Glen, Ingravidez. Apertura que escribi para Radio America-Nobleza Obliga

El tipo es un piloto de combate. Tira bomba por donde se le presenta la oportunidad y con la metralla cose a tiros a cuanto enemigo de la Gran Nación, camina bajo la sombra de sus alas.
No conforme con llenar su pecho de medallitas de héroe y abultar la estadística de cadáveres enemigos, busca ir más allá, sorprender al pueblo, y se monta a un avión para marcar el record en un vuelo supersónico.
El hombre quiere volar bien alto y los superiores así lo entienden: entra a la NASA.
Pruebas por aquí y por allá, nada puede tenerlo quieto, entra a un cohete sin que lo inviten, ordena que prendan la perilla, cuando todos dudan, y así va: se pierde entre las nubes, le da tres vueltas a la tierra y regresa como un súper héroe del espacio, el primer ser humano en hacer un vuelo orbital.
Kennedy lo recibe, se abrazan y, junto al pueblo, masifican un corte de manga para los rusos, al otro lado del mundo, a quienes suponen, todavía borrachos de vodka, por los festejos del primer vuelo orbital de un animal, el de la malograda perrita Laika, dos años antes.
El astronauta se acerca demasiado al poder, como para entender que la altura próxima a conquistar está en la política y los negocios, que vienen a ser lo mismo.
Se mete en una empresa como ejecutivo y también milita en un partido político.
Tanto lucha por la fortuna de su patria, y la suya, que hasta llegan a engancharlo, mientras es Senador, en una negociadito con otros amigos de la Cámara Alta, miembros de la mesa chica, esa donde pocos comen y se sirven los mejores bifes.
Zafa, tal vez, porque no deja de ser el primero en la historia de la humanidad en volar al espacio y eso lo dota de un crédito estelar.
Ya vejete, pero con las mismas mañas, le vienen las ganas de marcar otro record: ser el primero en regresar al espacio una treintena de años después y medir el efecto de la ingravidez, en su cuerpo, con el paso del tiempo.
Lo suben a un trasbordador, dan vueltas a la tierra y regresa sonriente; ni una de las piezas dentarias se le han salido de su correspondiente implante, los huesos no se partido, el tipo es recibido, nuevamente como héroe.
Y ya, en el cenit de su vida, su carrera corona las hazañas, muestra al mundo (el de ellos, el único que les importa) que así se hace un tipo, de punta a punta, que busca ir más allá de la propia muerte (la que le provoca a los otros) y de la riqueza (la que le quita a los otros) y demuestra, tras darle varias vueltas a la tierra, desprovisto de la fuerza de atracción de nuestro plante, cuál el punto justo de la ingravidez del héroe capitalista.
John Glen, es este señor y nació un 18 de Julio de 1821.

Suzanne Vega: Movido-lento. Apertura que escribi para Radio America-Nobleza Obliga







Dos temas movidos antes de los lentos, hay que sacar a bailar a la chica que elegiste para novia y futura madre de tus hijos. Calcular el momento del asalto amoroso no es difícil. El disc jockey te tiene acostumbrado a que pone siempre las mismas canciones para bajar de movido a lento: Cosita loca llamada amor y Joyride de Roxette. Si no fuera porque la púa le salta cada dos por tres, apostaría porque tiene todo grabado, pero no, el tipo lo hace de memoria, los enganches salen siempre igual y esa es su habilidad.
Vuelvo. La de Queen va por la mitad y te acercás a la chica de tus sueños, le tocás el hombro, ella se hace la sorprendida y se la seguís, le decís un “hola” y la sacás a bailar. Pisás la pista justo cuando empieza la de Roxette y le cantás en la cara “Hello, you fool, I love you” que es lo único que sabés y empezás con la pantomima de tocar la guitarra eléctrica. Ella se ríe y su sonrisa, de golpe, se le llena de pequitas luminosas: la bola soltó la lluvia de estrellas. El corazón te late, te ponés nervioso, las señales del lento están en la pista y lo confirmás porque el filamento de la única luz negra se enciende y vez como los dientes de tu chica, afectados por la luz negra se hacen blanco alma y desaparecen porque ella ya deja de reír. Entendés, también, que se está poniendo nerviosa porque llega el baile de tocarse, apretarse, como dos que se inician en el camino del contacto de los cuerpos que a partir de un lento, pasarán a entenderse así, por toda la vida y hasta que la muerte los separe.
El DJ mete Luca de Suzanne Vega. Dejan de titilar las torres con foquitos multicolores. Quedan la lluvia de estrella y la luz negra. Casi a oscuras, la ves de gesto serio. Y entendés eso que dice tu viejo, que las mujeres son calculadoras, y te la imaginás haciendo las cuentas de hijos, casa yautos para la familia que estás fundando. De golpe, tiene algo en el gesto que te recuerda a la profe de matemáticas, te lo bancas, porque ya estás preparado para verla con cara de recién levantada, ella será la mujer de tu vida.
Ves alrededor  y las parejas ya están prendidas como garrapatas, mientras que ella baila movido, pero como en cámara lenta y cada vez que te acercás da un paso atrás. Te ponés alerta como un avión que espera la orden de la torre de control para aterrizar, sabés cae de maduro. Y llega el momento de transmitirle calma, te  arrimás, apoyás una mano a su hombro, acercás tu boca a su oreja, le decís que este tema es Luca, que te encanta, le apoyas la mano libre en el otro hombro, quedás cara a cara y le zampás un chupón. Ella tira la cabeza para atrás, despega los labios de los tuyos y los labios te duelen como cuando, por pavear, te pegan una cinta scotch en la boca y te la sacan de un tirón. Ella te dice “ ¡qué hacés loco!”, lo dice feo, te hace doler, sentís que te clavan una espada de Samurai en la panza, te da la espalda y se va por en el laberinto de parejas pegoteadas e indiferenciadas en el magma de la música lenta.
La lluvia de estrellas y tu chica, son tragadas por el agujero de la luz negra.
Derrotado, bajás de la pista, vas a la barra, pedís un ginc tonic, el primero de tu vida, el que te hará sentir el rigor de un pedo por despecho. Al lado se te aparece un pibe que tenés visto de los intercolegiales de volley, un flaco de más de dos metros de alto. De la nada, sentís que son como hermanos y largás que tu novia acaba de dejarte. El flaco, que casi no habla, y se parece a Spok (el de Viaje a las estrellas), te mira extrañado, te dice que te entiende, que es re choto no tener novia, estar solo. Te toca la cabeza y te dice que chupes tranquilo, que él te acompaña a tu casa.
Luca, el tema con el que empiezan los lentos, es interpretado por Suzanne Vega, quien nació un día como hoy, en California.

viernes, 6 de julio de 2012

Semana Negra de Gijón 2012

Paco Igancio Taibo II es el líder de esta movida literaria que cumple 25 años. Con él hay gente, historias, luchas y letras.
Detrás de él, en fila india, subimos al Tren Negro, una formación que, por única vez en el año, une Madrid con Gijón, cargada de periodistas y escritores.
El tren da el primer envión, un crack plástico de un paquete de galletas abre la primera rueda compartida y la camaradería fluye. Es que, en ese tren, descubrimos que antes de subir, ya éramos parte del mismo viaje.

jueves, 5 de julio de 2012

PIazzola: "Adiós, viejo"- apertura que escribi para Radio América, programa Nobleza Obliga

Es invierno de patio con escarchas y tardes cortas.

Caen las cortinas del local y, como todos los días, me adelanto a Papá y gano mi lugar en el living. Enciendo la tecla on del amplificador Sansui y espero que él elija el primer disco. De la pila de larga duración, saca uno que tiene la foto de un señor que toca el bandoneón. Mete la mano adentro del sobre de cartulina, saca el vinilo y me lo da.

Escuchar música, en casa, es religioso. Lo digo por eso de cumplir el acto con religiosidad, cada tardecita, ni bien se cierra el negocio y mamá empieza preparar la cena, y también por lo místico: cuando la música brota del tocadiscos, nuestros cuerpos se desgajan y abren paso al alma.

Papá se levanta para ir a buscar un vaso de vino. Mientras tanto, hago mi parte: hace un año me dijo que ya era hora de que prenda el amplificador y hace una semana me habilitó para colocar los discos porque tengo "el pulso maduro".

En eso estoy. Una vez metido el long play, acciono la perilla de encendido, compruebo que la velocidad de los giros sea de 33RPM. Mando a mi mano a pescar el brazo, saco la traba, lo levanto para despegarlo de la horquilla plástica que lo sostiene y llevo, con lentitud y pulso de cirujano, la cápsula magnética con la púa para encontrar el surco del primer tema, del lado A.

Lo primero que sale por los parlantes es chirrido, después empiezan los acordes, parece tango porque hay un bandoneón, pero no tango de los tipos que lloran minas, esos que papá venía poniendo. Mi viejo llega con el vaso de vino en la mano. Me dice que no me encariñe con el tinto, que me tocará cuando cumpla los catorce. Me río, para ocultar la bronca porque haya leído mis intenciones.

Miro al tocadiscos, las vueltas de la bandeja tienen algo de hipnóticas. El tema avanza y sucede lo que toca, eso de que el encuentro delante del equipo y la música traen la parte mística, que se desgaje el cuerpo y salga el alma. Y mi viejo, sin quitar los ojos de la rotación a 33 revoluciones por minuto me dice que este tema se llama "Adiós Nonino" y que cada vez que lo escucha, siente, que está con su papá, despidiéndose, con la misma tristeza con la que se despidió cuando su viejo murió, y él tenía veinte años.

No le digo una palabra. Tampoco saco los ojos del plato giratorio. En este momento, siento más que veo, que diré lo mismo que él, cuando ya no lo tenga más conmigo y esté, de frente a un equipo de música, con el hijo que la vida me traerá, escuchando "Adiós Nonino".

El autor de ese extraordinario tango es el maestro Astor Piazzola, quien murió un 4 de Julio de 1992).